Perdóname

Te pedí perdón un millón de veces, y en ninguna de esas palabras me creíste. Te pedí perdón y tú no lo supiste ver. Pensabas que con mis palabras, quería volver a ganarme tu afecto, o que era una simple táctica para volver a tus brazos. Esos brazos, que tanto me habían protegido las noches donde yo era mi peor pesadilla. Pero estabas equivocado, por primera vez en mi vida, esas disculpas, eran las más sinceras que le había dicho a alguien.

Ya no me creías cuando te hablaba o eso era lo que me hacías pensar. No te importaba una mierda, es más, la puta con la que te acostabas era más importante para ti, que yo. Yo, alguien que había estado a tu lado, 3 años…, para terminar siendo nada. Pero sin embargo, seguía ahí, queriéndote más que el primer día, y no comprendía como me podía estar pasando esto. Me pusiste los cuernos, me despreciaste, jugaste conmigo y yo seguía más enamorada que nunca. ¿Y sabes qué? Nunca me perdonaré eso. Pero sí que te doy las gracias. Gracias por abrirme los ojos. Gracias por haber pasado por mi vida, por engañarme y decepcionarme, porque así aprendí a no ser como tú. Y créeme cuando te digo, que el mundo que conocí al marcharme no te llega ni a la suela de los zapatos.

Pero perdóname por no ser la chica de tus sueños. Perdóname, por no querer cambiar por alguien que no daba ni un euro por mí. Perdóname, porque nunca volveré a ti. Perdóname, por cerrar la puerta sin mirar atrás.

Había pasado tiempo desde mi marcha, llevaba tiempo sin escribirte, sin decirte todo lo que tanto me había callado por miedo, puede ser…, miedo a perderte. Por eso decidí ir a verte, una última vez e ir a contarte como me hiciste sentir. ¿Pero sabes qué? Pudiste haber sido el amor de mi vida, pero te aseguro que quedas mejor siendo un solo recuerdo. Así que cuando te volví a ver, no sentí nada, era feliz por primera vez en mi vida, sin embargo tú… Tú estabas destrozado, no eras el chico del que me había enamorado la otra vez. No me hizo falta soltar palabra alguna, porque cuando me viste así de feliz, te hundiste. Y créeme cuando te digo que eso me dio la vida.

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Si el mundo te viera con los ojos con los que te veo yo

Si el mundo te viera con los ojos con los que te veo yo, sabría que existe el cielo con tan solo tocarte. Si te vieran como te veo, sabrían que no hay nada imposible en esta vida, que los sueños sin cumplir escasean y que solo los largos caminos son los que valen la pena. Imaginé unos ojos y ahí estabas, dulce e inocente. Por primera vez, fui libre y volé alto. Nadie me juzgó y la felicidad era mi estado de ánimo. Solía atarme a la gente, pero contigo, volaré todo lo alto que quiera, que aunque me caiga, sus brazos abiertos estarán para recogerme. Ojalá le hubiera conocido antes, ojalá… Porque seguro que me habría tirado a un océano desconocido en el primero salto. Pero hoy, soy distinta, cambié, y sin embargo, me quiere más de lo que nadie me ha querido jamás. Soy afortunada por tenerle, aunque le odie más que le quiera, él lleva consigo siempre mi amor. Ya que cada día que pasa caigo rendida a sus pies. ¿Quién dice que esto es amor? Porque a veces dudo de si es amor o no, de si lo vivido en mi anterior vida fue amor o no. Pero sé que nunca me he sentido mejor que en este instante. Y puede que sea de cobardes no abrirme a él, no dejarle entrar en este espacio que cerré con llave. Puede que eso me haga ser cobarde, pero recuerda que el día que te deje entrar, no habrá universo donde las flores se marchiten. ¡Ay, si te vieran con los ojos con los que te veo yo!

Cómo cambian las cosas, ¿no?

Hace un año, mi vida se caía a cachos. Daba igual que sonriera o que me vieras feliz, por dentro ocultaba la tristeza más grande que jamás habías visto en alguien. Hoy, paso revista a esa época, donde para seros sincera, escribí una de las historias más profundas de mi vida.

Aprendí a convivir con el dolor, el cual se fue desprendiendo de mí y lo conseguí. Conseguí que ese pensamiento que no me dejaba ni respirar, me dejara volver a vivir sin ayuda de pedir oxígeno.

Las etapas y las personas pasan me decías, y que los únicos que permanecemos somos nosotros mismos. Por eso te digo desde lo más sincero, que aprendas a vivir con tus defectos y virtudes como aprendí yo. Porque aunque no quieras, ellos hicieron que te comportaras así. Gracias a eso, aprendí a aceptar cada error y a motivarme cada día para nunca rendirme. Aprendí a olvidar, pero no a perdonar, porque tú fuiste la única culpable de mi desdicha. Aunque a día de hoy tenga que seguir conviviendo con ello en cada ocasión que te veo aparecer, sé que he ganado, lo veo en tus ojos, por eso mis demonios se calman y mi venganza escasea.

Te deseo lo mejor, me da igual seguir siendo la mala de la película, porque aunque parezca que carezco de ello, sigo teniendo un corazón que late, y hoy más fuerte que nunca. Además, he aprendido, que no vale la pena malgastar las energías con tus enemigos, ya que ellos mismos se acaban destruyendo.

Puedes leer el principio de la historia aquí.

Por tanto, tú serás el único que pueda juzgarme, el único que confíe en la verdad de mis palabras o en la mentira de las mismas. Por eso olvídate de mí y céntrate en ti. Puede que dentro de un mes o de un año, te escriba diciendo que estoy mejor dentro o puede que te diga que al final lo conseguiste. No lo sé. Lo único que sé, es que mi vida aprendió del dolor que me causaste y por eso hoy soy más fuerte que nunca.

Solo quiero volver a nuestro verano de hace un año que dejamos parado en aquel banco, viendo la ciudad a nuestros pies. Y ahora mismo, solo queda la ciudad y yo.

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La vida es eso que pasa mientras nosotros permanecemos despiertos en la madrugada 

Y ahí seguía ella a las tantas de la madrugada, volviendo a soñar despierta. Porque tú eras todo lo que siempre soñó, eras esa dulzura que se volvía aventura cuando más lo necesita. Eras ese cuento de hadas donde el malo siempre se enamoraba de la princesa. Pero solo fuiste eso, un cuento, y como cuento de hadas real, sabía que ese final no existiría para ella.

Cada noche te soñaba, pensando que algún día te fijarías en ella. Porque siempre fuiste esa sonrisa, que cualquier chica desearía, pero que nunca le concederías. Mañana te veré, sí, te veré, te volveré a ver en mis sueños, los únicos que me permitieron tenerte.

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