No podía ser verdad

Había visto ese mensaje millones de veces, pero aquella vez fue diferente. Él ya no me pertenecía, y yo, ya había dejado de amarle. Pero algo me decía en mi interior que acabaríamos juntos.

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Nunca entendí ese sentimiento hasta que vi aquel mensaje, hasta tu último te quiero. En ese mensaje, la rutina nos pasó factura. Y pudo ser eso, la costumbre lo que llevó a que nuestras vidas terminaran separadas para siempre.

¿Cómo te sientes?

Sientes que nada tiene sentido ya. Que vas a explotar de todo lo que tienes que aguantar, que te han dado una responsabilidad que ni tú misma habías pedido. Estás a medio camino entre dos destinos y te niegas a elegir uno, porque lo que sientes te está matando, y eso te hace ser débil. Te hace ser vulnerable. Pero te lo callas, ya que nadie debe ver lo que esconde tu armadura. Esa armadura que solo él consigue desnudarte, solo él es  capaz de ver a través de ella y tú, lo acabarás alejando. Porque no eres capaz ni de mirar a la ojos, ni de olvidar o dejar de ser tú. Porque todo ha cambiado, no sabes cuando ni porqué, pero ha cambiado y ahí estáis. El universo y tú. Esperando que te equivoques, que te equivoques para saber que todo fue una farsa. Porque esa mentira es la única capaz de salvarte ahora.

Cómo cambian las cosas, ¿no?

Hace un año, mi vida se caía a cachos. Daba igual que sonriera o que me vieras feliz, por dentro ocultaba la tristeza más grande que jamás habías visto en alguien. Hoy, paso revista a esa época, donde para seros sincera, escribí una de las historias más profundas de mi vida.

Aprendí a convivir con el dolor, el cual se fue desprendiendo de mí y lo conseguí. Conseguí que ese pensamiento que no me dejaba ni respirar, me dejara volver a vivir sin ayuda de pedir oxígeno.

Las etapas y las personas pasan me decías, y que los únicos que permanecemos somos nosotros mismos. Por eso te digo desde lo más sincero, que aprendas a vivir con tus defectos y virtudes como aprendí yo. Porque aunque no quieras, ellos hicieron que te comportaras así. Gracias a eso, aprendí a aceptar cada error y a motivarme cada día para nunca rendirme. Aprendí a olvidar, pero no a perdonar, porque tú fuiste la única culpable de mi desdicha. Aunque a día de hoy tenga que seguir conviviendo con ello en cada ocasión que te veo aparecer, sé que he ganado, lo veo en tus ojos, por eso mis demonios se calman y mi venganza escasea.

Te deseo lo mejor, me da igual seguir siendo la mala de la película, porque aunque parezca que carezco de ello, sigo teniendo un corazón que late, y hoy más fuerte que nunca. Además, he aprendido, que no vale la pena malgastar las energías con tus enemigos, ya que ellos mismos se acaban destruyendo.

Puedes leer el principio de la historia aquí.

Por tanto, tú serás el único que pueda juzgarme, el único que confíe en la verdad de mis palabras o en la mentira de las mismas. Por eso olvídate de mí y céntrate en ti. Puede que dentro de un mes o de un año, te escriba diciendo que estoy mejor dentro o puede que te diga que al final lo conseguiste. No lo sé. Lo único que sé, es que mi vida aprendió del dolor que me causaste y por eso hoy soy más fuerte que nunca.

Solo quiero volver a nuestro verano de hace un año que dejamos parado en aquel banco, viendo la ciudad a nuestros pies. Y ahora mismo, solo queda la ciudad y yo.

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La vida es eso que pasa mientras nosotros permanecemos despiertos en la madrugada 

Y ahí seguía ella a las tantas de la madrugada, volviendo a soñar despierta. Porque tú eras todo lo que siempre soñó, eras esa dulzura que se volvía aventura cuando más lo necesita. Eras ese cuento de hadas donde el malo siempre se enamoraba de la princesa. Pero solo fuiste eso, un cuento, y como cuento de hadas real, sabía que ese final no existiría para ella.

Cada noche te soñaba, pensando que algún día te fijarías en ella. Porque siempre fuiste esa sonrisa, que cualquier chica desearía, pero que nunca le concederías. Mañana te veré, sí, te veré, te volveré a ver en mis sueños, los únicos que me permitieron tenerte.

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