A ti, querida almohada

El sol me despertó una vez más, una vez más en la que me despertaba abrazando a mi querida almohada. La única que siempre sabía mis más oscuros secretos y aún así se los guardaba para ella. Y en eso consistía la amistad, en escuchar sin ser juzgado, en matar sin saber nada, en bailar sin canción, en huir sin destino…

Y de esta manera, encontré a los mejores amigos que podía imaginar y a las mayores locuras que podía vivir.