Nadie se imaginó nunca por lo que tuvo que pasar

“Nadie se imagina por lo que estoy pasando. Puedes verme sonreír pero por dentro mi mundo se cae a cachos, de la misma manera en que se destruyen los edificios, la única diferencia es que yo voy a cámara lenta y eso es lo que hace que todo esto sea tan insoportable. Estoy cansada de que me juzgues, de que me juzgues por ser la mala, porque no soy la mala, simplemente me he cansado de demostrarte como soy y que no lo veas. Nunca te has puesto en mi piel, ¡ni lo has intentado!, así que por favor te pido, no me juzgues. Callo más de lo que hablo. Y eso que callo me está matando, hasta que algún día sea yo la que acabe matándose. ¿Por qué nunca me has preguntado si me pasaba algo? ¿O simplemente me has apoyado? Pero no, nunca ha sido así, siempre la has apoyado a ella, poco a poco, hasta conseguir quitarme de mi sitio. Y eso es lo que ha hecho que tome esta decisión. Nunca has escuchado mi versión, pero sin habértela contado, todos preferís defenderla a ella, a alguien que ha llegado hace 3 años a vuestras vidas, mientras yo llevo toda la vida aquí. Me siento sola, y me da igual sentirme así, estoy acostumbrada, el problema es que no estoy acostumbrada a que tú me rechaces y dejes de creer en mí. Estoy cansada de las broncas, de aguantarlas como alguien fuerte que soy, para horas más tarde derrumbarme en la cama, y así día tras día. Me duele verme así y que tú no lo veas. Porque el día que dejaste de creer en mí, fue el mismo día que me di por perdida. Y estoy perdida y nadie tiene la compasión de ayudarme a encontrarme. Lo único que me decís es no haga esto o lo otro, ¿acaso has pensado alguna vez por un segundo porqué hago tales cosas? No, no las hecho ni tú ni nadie. Lo único que os gusta recordarme es que guardo odio en la mirada, que soy la mala de la película y que sino acepto esto, todos os pondréis en mi contra. Podéis poneros en mi contra, me da igual ya. ¿Para lo que me queda aquí? Pero yo sé la única verdad que callo, no ella. Y es así, os guste o no, soy la única víctima de todo esto. Y me encuentro tan sola, que no soy capaz ni de mirarte a la cara, no soy capaz de mirarme a mí misma. ¿Sabes lo que me afecta que me digas que soy mala, que no te quiero, que nunca he confiado en ti? ¿Tienes idea de que me haces daño? ¿O simplemente te da igual lo que pienso? He esperado 3 años de mi vida a que me pidas perdón, pero ya se ha hecho tarde, el tiempo ha pasado y esto ha dejado huella en mí, de la misma manera que dejé yo mi primera huella en la tierra. Ya es demasiado tarde, demasiado para salvarme. Y todo esto por callar algo que podría poner todo a mi favor, pero no lo hago por ti. Por eso recuerda que pese a todo lo que sufro, todo lo que callo y toda la maldad que hay en mí, guardo un corazón que dejó de latir el mismo día que me disteis la espalda. Por eso ahora no debes tener arrepentimiento por todo esto, lo hiciste sin saber lo que había dentro, no te culpes porqué tú me has llevado hacer esto. Simplemente gracias, por hacerme ver que no valgo nada en este mundo y que todo lo que soy es maldad, que nada bueno queda en mí. No siento lo que he hecho, si tanto estorbaba en vuestras vidas, no notaréis mi ausencia. Me despido para siempre, para no volver, porque viva no me quedaba nada y muerta me queda todo por descubrir (solo me queda paz interior).

No llores por las líneas que has leído, no es ni la mitad de lo que guardo. Pero prefiero que sea así, ya que yo no estoy, prefiero no remover la mierda que causé. Por eso me llevo lo que tanto ansiabas saber a la tumba. Solo espero que seas feliz y que me recuerdes de vez en cuando, y que el sitio que tanto me arrebataron se quede con ella para siempre. Porque el día que ella desaparezca, tú habrás perdido tu vida entera.”

Me encontré esta carta buscando en el baúl, no podía imaginarme lo que sentía esa persona. Después de 20 años, esas palabras me atravesaron. Busqué desesperadamente si había un periódico, y ahí estaba en primera plana: Chica se suicida. La causa aún desconocida.

Empecé a leer la noticia, pero no ponía nada más de lo que yo no me hubiera imaginado. “Chica aparece muerta en su coche, después de tener un accidente subiendo por la carretera de la Sierra.” ¿Qué le habría pasado a ella? ¿Habría visto la policía la carta? ¿Cómo se iba a suicidar, si había leído que había tenido un accidente en el coche? Tenía muchas preguntas que contestar y necesitaba saberlas. Esas letras que minutos antes había leído me habían llegado, sentía que conocía a la persona que las escribió. Por eso cogí todo el valor que pude y fui directa a ver a mi abuela. En el momento que vio lo que llevaba en la mano, su rostro cambió.

– ¿De dónde has cogido eso? – me preguntó mi abuela.

Estaba arriba. Estaba buscando una caja para guardar mis cosas y encontré un baúl con esto. ¿Qué es todo esto? ¿Qué paso hace 20 años?

La escribió mi hija, antes de suicidarse.

¿Qué? ¿Qué esa carta era de mi tía? ¿Por qué? ¿Por qué se suicidó? No me lo podía creer. No entendía nada.

¿Puedo saber por qué hizo tal cosa? – pregunté insistente

¿Podemos dejarlo para otro día? Ya he revivido mucho por un momento.

A la mañana siguiente era sábado, lo que suponía que la abuela iba a estar en casa por la mañana. Así que ahí tenía mi oportunidad de saber la verdad. Me desperté pronto, raro en mí y fui directa a la cocina. Dio la casualidad de que mi abuela estaba preparándose el desayuno, no dudé ni un segundo en retomar la conversación que dejamos a medias ayer.

Abuela… ¿Te acuerdas de lo que hablamos ayer? – dije con carita de niña buena.

Sí, hija, sí. – su voz se iba apagando, pero ella sabía que no pararía hasta que me lo contase.

Te pongo el desayuno yo, no te preocupes, siéntate.

Gracias, hija. A ver donde comienzo. Hace varios años, exactamente 20, como puedes ver en el recorte del periódico, mi hija, mi amada princesa dijo que no podía más y que hasta aquí llegaba. Se suicidó y todo por mi culpa.

¿Pero por qué hizo tal cosa?

Elena, la historia es algo que algún día le preguntarás a tus padres yo solo te voy a contar lo que puedo contarte. ¿Vale?

Vale. – eso era mejor que nada.

Como bien he dicho hace 20 años hizo tal atrocidad, pero tenemos que remontarnos 3 años antes, en el inicio. Ella siempre fue una persona muy fuerte, luchadora y que no se rendía nunca, tarde o temprano conseguía todo lo que quería. Pues detrás de esa capa, casi imperceptible que ni su propia madre fue capaz de ver, comenzó a forjarse otra persona totalmente distinta a la que veías a simple vista. Me enteré años más tarde, de que el problema por el comenzó todo, es que familiares cercanos le jodieron la vida y ella por no querer que la gente cambiara de opinión se lo calló. Ahí estuvo su problema, si hubiera confiado en mí… Tenía varios problemas, pero nunca la vi rendirse por nada ni lo noté en sus ojos. Pues cuando todos los domingos nos juntábamos toda la familia, a ella siempre le echábamos una bronca, podías ver que su reacción ante tu madre era de odio y más fuerte que todo lo que existía dentro de ella.

¿Habría sido mi madre el familiar ese que le había jodido a mi tía?

Ese odio la fue matando por dentro, la fue alejando de todos sus seres queridos y en parte tu abuelo y yo tenemos parte de culpa, la dejamos abandonada y nos pusimos en contra suya. Dejamos de defenderla, ella veía que no pintaba nada en la casa, que su presencia era insignificante. Pues un año antes de que hiciera eso, se quedó sola, se fue de casa, nadie de nosotros la apoyamos, prácticamente le dimos la espalda a tu tía. Y ella no se merecía eso, pero en fin… Yo le había jodido la vida durante muchos años a tu tía y ella se calló para que yo no cambiara de opinión, pero esa decisión que tomó hizo que cada día le cayera una bronca de las buenas, se nos iba alejando de nuestro lado y la notábamos que lo pasaba mal, pero nos daba igual en ese momento, no podía tratarla así. Tu madre no había hecho nada para que ella actuara así, pero años más tarde supe que tu madre sí que hizo algo… La culpamos de todo, la hicimos ser la mala durante muchos años, y aguantó y aguantó como nadie había conocido en la vida.

¿Qué habría hecho mi madre?

Meses más tarde la cosa se volvió negra y si ya estaban las aguas turbias, para colmo, tus padres se casaron y no la invitaron, ahí supuso su fin con nosotros. Nadie la echaba de menos, pero ella a nosotros sí. Se veía sin familia, sola y sin amor y supongo que le arrebataran todo, fue su fin. Años más tarde junté a la familia y dije quiero saber todo lo que pasó para que mi hija se suicidara. Tus padres comenzaron hablar, cuando acabaron no me pude creer que hubieran sido capaces de hacer eso. ¿Yo diciendo siempre que la mala era ella, cuando en realidad eran ellos? Eso supuso un fuerte golpe para mí. Mi niñita, la había desamparado y ella solo protegía a sus seres queridos ¿pero quien la protegía a ella? Nadie.

¿Por que no me contaba que le habían hecho a mi tía?

Ojalá pudiera contarte más, pero prometí no contarlo y no por tus padres, sino a ella. Le prometí que nadie sabría su historia, y ella me hizo prometer en una carta que me escribió a mí que solo sabría la verdad si la callaba, que bastante sufrimiento estaba ya aguantando esta familia para hubiera más.

Abuela, ¿esta es la carta que dice? – la saqué del baúl, había hecho bien en no leer esa carta.

Sí. Gracias por contármelo y lo siento. Ella esté donde esté sé que te cuida y que está orgullosa de ti. ¿Puede leerla?

Mi abuela asintió con la cabeza. Me fui a mi habitación, necesitaba leer esa carta.

“Hola mamá si estás leyendo esto es que seguramente ya no me encuentre entre vosotros. Quiero decirte que no te preocupes por nada, pero antes de nada prométeme que esto no saldrá de aquí. Bastante dolor he causado ya a la familia, como para después de estar muerta seguir haciéndolo. No llores, todo lo que me pasó fue porque pasó, ya no culpo a nadie, me he cansado, pero quiero que lo sepas por mí. Hace varios años yo conocí a alguien y dio la causalidad de que esa persona la conocían tu hijo y su novia, lo sé, sé que no te gusta que diga tu hijo. Pues estuvieron 5 meses haciéndome la vida imposible, no querían que le viera, querían que cortara con él, le vigilaban, me vigilaban, le amenazaron de muerte e incluso me hacía llorar día tras día y no hacían nada, les daba igual como me sintiera. Solo como a ella le caía mal, tu hijo hizo lo imposible porque me olvidara de él. Mamá no quiero contarte más, creo que con eso sabes suficiente, no quiero remover más mierda donde ya la hay. Simplemente vuestras broncas, vuestros alejamientos hicieron que me sintiera culpable, ellos hicieron que me sintiera culpable. ¡Y nunca lo fui! Y aún así me callé por defenderla. No quiero que tengas en cuenta que no confíe en ti, lo hice, pero prefería que vosotros 4 estuvierais bien, ya que yo no pintaba nada ahí. Sabes que no soy mala, pero algo en mí era más fuerte que todo eso para hablarle a la cara. Simplemente esperé un perdón muchos años, que nunca llegó. Y nadie fue capaz de verme como me sentía. Por eso quiero que sepas que disfrutes de papa, el tete y ella. Que yo te protegeré desde el cielo. Te prometo que lo intenté que intenté con todas mis fuerzas llevarme bien con ella y que tu lo vieras, pero no lo conseguí, lo único que conseguí fue poneros a todos en contra mía. Ahora tenéis una segunda oportunidad para juntaros y ser la familia que siempre quisisteis ser, sin interferencias ni nada. Por eso quiero que no lo cuentes, que no cambies la actitud que tienes hacia ella, no se lo merece, sé que tampoco yo merezco esto, pero es la única salida que encuentro. Me habéis abandonado por alguien que conocéis de hace 2 días, me has dejado tirada porque no acepto a alguien. Me hizo la vida imposible y yo no actúo así con ella porque quiera, sale de dentro de mí. Espero que lo entiendas y me perdones todo lo que callé, y sino decirte que no siento lo que he hecho, no me queda ya nada ahí, y parte de culpa la tenéis los cuatro. Pero recuerda que siempre te querré, allá donde esté.”

¿De verdad mi tía había escrito eso? Pobrecita… Ella estaba gritando auxilio y nadie la escuchaba, ¿qué clase de padres tenía yo? ¿Porque ella calló todo, por defender a alguien que la había jodido tanto? Esa es una pregunta que nunca supe contestar. Algo en mí me decía que allá donde estuviera seguía guardando más por no hacer daño a nadie.

A veces las apariencias engañan

Estaba en el sofá tumbada como de costumbre, en la tele ponían la película de 50 sombras de Grey. ¡Aún recuerdo cuando fui al cine a verla! Me estaba empezando a dormir, cuando de repente alguien aporreó fuertemente la puerta. Me asusté, opté por no abrir, pero la persona que había fuera insistía. Conforme me levantaba del sofá oí unos gritos.

¡Abra la puerta por favor! ¡Sé que hay alguien ahí! – escuchaba miedo e ira en esa voz, cada vez tenía más miedo y no sabía si estaba haciendo bien en abrir la puerta o no. Quizá debí estarme quieta, pero ya era demasiado tarde, la curiosidad pudo conmigo. – Gracias por abrir.

De repente alguien entró corriendo en mi casa, me golpeó sin querer y yo caí al suelo. No recuerdo como, pero lo primero que vi cuando me desperté fue que estaba en el sofá, del que nunca tuve que haberme levantado, atada de manos y pies.

Cuando me vi en la situación que estaba y noté que alguien por detrás se estaba acercando forcejeé, pero era inútil. Opté por dejar de moverme, debía conservar fuerzas.

Hola. – me dijo un joven que se sentó a mi lado.

Tuve que poner una cara extraña, porque el joven al verme se asustó. Pero su compostura seguía igual, no parecía la misma persona que hacía unas horas había estado golpeando mi puerta.

Toma, te he traído agua, después del golpe, estarás deshidratada.

No entendía nada. ¿Por qué coño abrí la puerta? ¿Qué quería de mí?

Puedes estar tranquila, no pienso matarte, ni torturarte, ni nada de lo que se esté pasando por esa cabeza.

No sabía que pensar, por un lado me sentía aliviada pero por el otro…. ¿Qué quería de mí? ¿Qué pintaba yo en todo esto? Creo que era hora de gesticular alguna palabra.

¿Quién eres? – dije mientras intentaba no aparentar que estaba asustada.

¡Por fin hablas! ¡Pensé que eras muda! Soy… mejor que no sepas mi nombre. Cuánta menos información conozcas de mí mejor, es por tu seguridad. – ¿Seguridad? Me miré de arriba abajo y él vio que no había escogido la mejor palabra para controlar la situación. Aunque a ser verdad, si que conocía su nombre. Sabía quién era mejor de lo que él se conocía.- Me perseguían unas personas malas, dígamoslo así, vi desde fuera la luz de tu casa encendida, así que sabía que eras la última oportunidad que tenía para salvar mi vida. Así que gracias.

Seguía sin comprender nada, me había dejado con la misma incógnita, pero algo me decía que su vida también era una incógnita para él.

Lo vi levantarse del sofá, del que nunca debí levantarme, cosa no hacía más que repetirme. Pero por primera vez en mi vida, tenía la adrenalina en mi cuerpo. Sentía algo inexplicable y tenía que ver con él, con ese joven… Me puse a mirarlo fijamente. Le vi un tatuaje en el muslo, hasta ese momento no me había percatado de que estaba en calzoncillos. Creo que se dio cuenta de que le estaba mirando y se puso colorado.

Siento no llevar pantalones, los he puesto en la lavadora, tenía que quitar los restos de sangre. Espero que no te importe.

¿Sangre?

Ya te he dicho que cuánta menos información tengas de mí mejor. – eso era lo quería que él creyera.

Era inútil comprender que hacía un desconocido en mi casa, era inútil saber que hacía yo ahí, era inútil intentar entender porque todo esto me resultaba excitante.

Así que seguí observándolo detenidamente. Después de ver ese tatuaje de una serpiente enrollada a ese muslo, muy poco favorecedor para mí gusto, lo que más resaltaba era que llevaba una camisa blanca impecable y claro con el moreno que tenía de piel. Me moría de ganas por saber lo que ocultaba esa camisa. ¿Pero en qué estaba pensando? Yo aquí atada y solo pensando en querer quitarle la ropa. Como vi que no se percataba de mi introspección hacia su persona, le miré a los ojos, tenía un color verde intenso, jamás había visto unos ojos tan expresivos como esos. Sus labios eran rosados, ¿a qué tendrían que saber? Tenía unas facciones perfectas, podría haber sido modelo si él hubiera querido. ¿Pero quién me decía a mí que no lo era? Su pelo era negro como el carbón, lo llevaba corto, supongo que para correr y entrar en casa ajenas.

Sonreía, así que inmediatamente me puse a sonreír. No era el plan de domingo que esperaba, pero era mejor que cualquier otro, porque estaba él.

¿Me prometes que si te desato no te irás corriendo ni llamarás a la policía? 

Vale. – dije no muy segura. – Gracias, qué cómodo es estar libre. ¿Quién eres?

Te he dicho que cuanta menos información tengas de mí mejor. – resopló. – ¿De verdad quieres ponerte en peligro?

Solo quiero saber quien eres, nada más. Eso no me pondrá en peligro. La gente que va por la calle sabe quien eres por como andas, por como miras, por como respiras. Solo dime algo más de ti.

Eres extraña, pero me resultas conocida. Bueno… – le vi que no tenía ganas de contestar a esa pregunta, pero esa era la única opción que le quedaba. Me levante del sofá y cogí el teléfono, él vino corriendo hacia mí y me lo quitó. – Vale, ¿qué quieres saber?

¿Por qué te perseguían? ¿Qué hacías con sangre en los pantalones? ¿Qué quieres de mí? – había miles preguntas en mi cabeza, pero solo se me ocurrían esas.

Soy ingeniero, y estaba en mi casa cuando unos asaltantes entraron a quitarme unos planos de una central nuclear que tengo. Cogí los planos, ahí los tienes. – vi que estaban encima de la mesa, por ahora íbamos bien – Salí corriendo con todo lo que pude, pero antes de salir maté a uno, por eso la sangre en mis pantalones. ¿Y qué quiero de ti? Esa respuesta créeme que aún sigo sin saber responderla.

Yo si sabía lo que hacía en mi casa, yo si sabía lo que iba a pasar.

¿Y tú? ¿Por qué intentas aparentar miedo cuando en realidad parece que has vivido con esto toda tu vida?

A veces las apariencias engañan. – me habían contratado para hacer algo, pero estaba empezando a dudar de mí misma. No sabía que hacer, sino hacía nada me mataban y si lo hacía le mataban a él. – No debiste llamar a la puerta, no debiste contarme eso y no debiste desatarme.

¿Por qué?

Trabajo con los que asaltaron tu casa, que yo estuviera despierta, que llamaras a la puerta, que pasara todo lo que ha pasado, estaba planeado. Te he dicho que las apariencias engañan. Si que es verdad que tengo miedo, pero no de ti, de mí. De no poder hacer el trabajo, de que algo me está impidiendo matarte,  y nunca antes me había pasado eso. Soy implacable.

Salió corriendo del sofá, pero me dio tiempo a cogerlo del brazo, se dio cuenta de que tenía más fuerza de la que pensaba. Nos caímos los dos al suelo. Mi cabeza golpeó contra el suelo y vi que salía sangre de ella. Le vi asustado.

Tranquilo, puedes irte, es lo que haría yo. No me va a pasar nada. – me cogió en brazos y me puso en el sofá, me di cuenta de que no se merecía sufrir más. Sus ojos mostraban pena.

Caí inconsciente, cuando me desperté, ahí estaba él.

No pienso irme a ningún lado. ¿Cómo estas? – no me había quitado la vista de encima.

Bien, gracias. Puedes irte. Diré que he fracasado en mi trabajo, que me golpeaste al entrar y que quedé inconsciente y cuando me desperté te habías ido.

No, no me iré sin ti. Sé que detrás de todo eso que escondes, está una mujer que arde en deseos de conocer otra vida que no sea esa, y yo, yo quiero que la conozcas.

¿Sólo me conocía de hace unas horas? Comenzaba a dudar de que no.

Me levanté del sofá, intentando acercarme él, pero me lo impidió, así que tiré de él sobre mí y le besé. El joven al que estaba besando era él, era él mismo que hacía 15 años le había dicho que volviera a por mí. Se levantó sobre mí con una cara…

¿Tan mal beso?

Esos labios… esos labios los he besado antes. A ver no digo hace poco, sino hace muchos años, me traen un recuerdo “especial” y “amargo”.

Sonreí, se acordaba. Pero decidí que no debía contarle que le había estado esperando toda mi vida, que tenía planeado también ese momento.

He estado 15 años esperando que me dijeras eso. – sin querer lo dije en voz alta.

Nos fundimos en un beso, hacía tiempo que no me sentía así o que nadie me hacía sentir así. Vi como sus manos subían hasta quitarme el pijama, yo comencé a desabrocharle la camisa. Me cogió en brazos y nos fuimos a mi habitación. Me dejó tumbada en la cama, comenzó acercarse a mí y me susurró al oído.

– No son 15 años, son 12 años los que llevo esperando esto. Los que he estado esperando para tocar esa puerta. – sonreí con cada músculo de mi cuerpo. Lo sabía, sabía quien era yo desde el inicio.

La noche pasó, y el calor aumentó. Solo notaba sus labios, sus besos, sus manos en mí… Me había olvidado que me habían ordenado matarle, pero lo único que quería hacer era matarle a polvos. No sé que hora sería, lo que quería era que no terminara nunca. Mi vida había dado un giro de 180 grados y era hora de empezar a vivir. Me levanté de la cama sin hacer ruido.

¿A donde vas? – me dijo con esa mirada que traspasaba la oscuridad.

A ningún sitio. – mentí.

Bueno, 12 años me ha costado recuperarte y ten por seguro que pienso atarte solo para que seas mía. Puede ser que tú lo tuvieras planeado, que yo lo tuviera planeado o que el destino lo tuviera planeado. 

Esa idea me gusta. ¿Qué te parece si empezamos ahora?

Ya te dije que eras la última oportunidad que tenía para salvar mi vida.