Caducidad del verano

“Estos son los días que nunca van a volver, y a los que aún así vamos a esperar toda la vida.”

El desastre de Sof

Estábamos en lo alto de aquel acantilado que tantas veces nos había arropado, convirtiéndose en refugio a prueba de tempestades internas. Tú mirabas hacia el horizonte como si soñaras despierto con alcanzarlo y con poder bailar sobre su filo, mientras yo te miraba a ti y pensaba inevitablemente en que el verano estaba empezando a consumirse. Los árboles comenzaban a deshacerse de sus hojas, los amantes de sus aventuras pasajeras de viaje en coche por las carreteras de la costa y de hotel cutre en primera línea de playa y los adolescentes de las noches sin dormir y las mañanas sin poder recordar las copas que bebieron durante la madrugada anterior.

–¿Vas a echarme de menos?-preguntaste de pronto, sin apartar tu mirada de aquel punto infinito en el que nunca podrías encontrarnos.

–Claro.

–¿Segura?

–Lo estoy.

Sonreiste sin mirarme, y de repente me sorprendí a mí misma siendo incapaz de…

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